La polèmica dels “San Fermines”

Durant aquests dies s’ha parlat molt als mitjans de comunicació sobre la tradicional cel·lebració del “chupinazo” i les imatges associades de dones a la plaça manossejades per un grup d’homes.

Hi ha opinions de tota mena, algunes ho justifiquen, d’altres no, d’altres que diuen que les dones que entren a la plaça saben on es fiquen…

Nosaltres volem compartir un article que ha publicat Miguel Ángel Medina al bloc del diari El Pais  per convidar-vos a la reflexió.

Sanfermines: borracheras, encierros ¿y tocamientos?

Es una imagen típica cada año en los sanfermines: una muchacha muestra sus pechos -acaso empapados en vino- durante el chupinazo, o en cualquier otra concentración de gente, mientras numerosos brazos se acercan para manosearla. La mayoría de los medios de comunicación incluyen estas fotos en sus galerías sobre la celebración enPamplona, por lo que el contexto facilita considerarlas como algo divertido, simpático, alegre. Los tocamientos pasan así a ser tratados por los medios como algo tan festivo como las borracheras o los encierros.

El tratamiento mediático que se da a estos temas influye, y mucho, en la percepción que tiene el resto de la sociedad sobre ellos. Si las fotos de los tocamientos -que pueden ser consentidos, o no- se consideran algo festivo, los jóvenes aprenderán que están legitimados a hacerlo. Que una mujer muestre sus pechos no significa “barra libre” para que todo el mundo que esté alrededor tenga derecho a tocárselos. En las imágenes de estas fiestas, además, las implicaciones son más graves: algunas jóvenes están claramente bajo los efectos del alcohol, mientras que a otras directamente les arrancan la ropa. ¿Es que con una mujer borracha vale todo? 

Salvando las distancias, durante muchos años -años muy negros- la violencia machista se considerada como un tema doméstico que no merecía atención mediática: palizas y muertes por violencia de género se circunscribían al ámbito del hogar. No eran noticia. La denuncia en los medios de comunicación de este tipo de agresiones y asesinatos han contribuido, sin duda, a que la percepción social varíe. Nadie entendería ahora que una agresión de un marido a su esposa fuera considerado como “cosas de pareja”.

En las agresiones sexistas en las fiestas, en cambio, queda mucho por hacer. Este año, por primera vez, ha comenzado un cierto movimiento de denuncia de este tipo de prácticas: “Aceptar esas imágenes como una alegre bacanal legitima la dominación masculina y el acoso sexista“, escribe Emilia Laura Arias; “decenas de individuos han tenido durante el chupinazo un comportamiento inaceptable de actitudes machistas y sexistas“, critica LaHaine.org. Algunos blogs, incluso, han hecho notar la similitud de este tipo de comportamientos con las agresiones denunciadas en la plaza Tahrir de El Cairo.

Habrá quien se lleve las manos a la cabeza con la comparación, pero lo que subyace en uno y otro escenario es, en realidad, lo mismo: ese “van provocando” con el que se justifican las agresiones y, en último término, las violaciones. No hay más que retrotraerse a una noticia sobre los sanfermines ocurrida en 2010, cuando una reportera de TVE trataba de informar desde Pamplona y recibió un beso sin su permiso por parte de un participante en las fiestas. El presentador del espacio respondió: “Maribel, no provoques a ese chico, por favor”.

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